La mancanza di basi militari formali non significa che le operazioni USA nella regione siano diminuite
In un articolo pubblicato nel 2019 sulla Rivista Messicana di Scienze Politiche e Sociali, lo storico messicano Froylan Enciso si chiedeva come siamo arrivati a questo momento in cui la presenza militare USA in America Latina viene giustificata attraverso la lotta alla droga, al crimine organizzato e al terrorismo.
Citava un libro di Sebastián Bitar, professore associato della Scuola di Governo Alberto Lleras Camargo dell’Università de los Andes, che analizzava la storia di una rete di basi in America Latina, durante il XX secolo, come forma di protezione degli interessi USA. Secondo Bitar, questa rete di basi militari USA crebbe come parte di un progetto colonialista all’inizio del XX secolo, e proseguì con la Dottrina Monroe e, specialmente, con la Guerra Fredda, periodi durante i quali l’interesse degli USA si concentrò sul prevenire l’espansione del comunismo in America Latina.
Questo cambiò nel XXI secolo, quando “il comunismo fu sostituito dalle organizzazioni che contrabbandano droga come principale nemico degli USA”. Tuttavia, gli USA affrontarono enormi difficoltà nel mantenere le loro basi militari in America Latina: persero la Howard Air Force Base di Panama nel 1999, e il Venezuela negò loro l’uso del suo spazio aereo. Persero, inoltre, una delle loro basi in Ecuador (Manta) nel 2009. “Da allora, molte negoziazioni per espandere l’influenza militare statunitense fallirono”, diceva Enciso citando Bitar.
Due elementi spiegano questo fallimento: uno è la perdita di potere relativo degli USA come egemone (sebbene avessero meccanismi per intervenire nei paesi, come l’Organizzazione degli Stati Americani, la Banca Interamericana per lo Sviluppo e gli accordi di libero scambio). Un altro, altrettanto importante, fu la politica interna dei paesi ospitanti.
Ci furono negoziazioni di successo. Ma altre fallirono. La Colombia, ad esempio, ebbe negoziazioni segrete, che diedero come risultato l’istituzione di 7 basi militari USA legali nel Paese e l’accesso a un numero non specificato di aeroporti e porti civili. Tuttavia, il 10 agosto 2010, tre giorni dopo la fine del governo di Álvaro Uribe, il trattato sulle basi venne dichiarato incostituzionale.
In ogni caso, la mancanza di basi militari formali non significò che le operazioni USA nella regione diminuissero. Infatti, gli USA installarono basi informali e segrete in quasi tutti i paesi della costa pacifica dell’America Latina e mantengono un’estesa rete di circa 80 installazioni militari e di sicurezza in America Latina e nei Caraibi, supervisionate dal Comando Sud. Punti chiave includono la Base di Soto Cano in Honduras, il centro di Comalapa in El Salvador, e una forte presenza a Palanquero, Tolemaida e Larandia in Colombia. Tutte sono focalizzate sul controllo strategico delle risorse, sotto la copertura della lotta al narcotraffico.
Le basi informali “furono installate in negoziazioni informali con accordi taciti e appendici oscure nei trattati”. La differenza tra le basi e ciò che Bitar chiama “quasi-basi” risiede solamente nell’accordo legale. “Non si differenziano né per dimensione né per flessibilità, ma per la mancanza di un accordo formale tra i due paesi, il che rende le operazioni degli USA in questi paesi più segrete e informali. Non hanno contratti o sono basate su negoziazioni verbali autorizzate solo dal governo”. Inoltre, hanno la flessibilità per aumentare o diminuire le dimensioni delle operazioni.
Ma a quanto pare non basta. Il Vertice Scudo delle Americhe convocato sabato 7 marzo dal presidente USA, Donald Trump, ha riunito i presidenti di una dozzina di paesi latinoamericani allineati con l’agenda di sicurezza di Washington con uno scopo centrale: creare una “coalizione militare” emisferica per “combattere il narcoterrorismo”.
Cosa significa? E quali implicazioni potrebbe avere sulla militarizzazione extraterritoriale degli USA nel continente? Lo sapremo presto.
Las bases secretas de EEUU en América Latina
La falta de bases militares formales no significa que disminuyeran las operaciones estadounidenses en la región
En un artículo publicado en 2019 en la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, el historiador mexicano Froylan Enciso se preguntaba cómo llegamos a este momento en el que la presencia militar de Estados Unidos en América Latina se justifica mediante el combate a las drogas, el crimen organizado y el terrorismo.
Citaba un libro de Sebastián Bitar, profesor asociado de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo, de la Universidad de los Andes, que analizaba la historia de una red de bases en Latinoamérica, durante el siglo XX, como forma de protección de los intereses estadounidenses Según Bitar, esta red de bases militares estadounidenses creció como parte de un proyecto colonialista, a principio del siglo XX, y prosiguió con la Doctrina Monroe y, especialmente, con la Guerra Fría, periodos durante el cual el interés de Estados Unidos se centró en prevenir la expansión del comunismo en América Latina.
Eso cambió en el siglo XXI, cuando “el comunismo fue sustituido por las organizaciones que contrabandean drogas como principal enemigo de Estados Unidos”. Sin embargo, Estados Unidos enfrentó enormes dificultades para mantener sus bases militares en Latinoamérica: Perdió la Howard Air Force Base de Panamá, en 1999, y Venezuela le negó el uso de su espacio aéreo. Perdió, además, una de sus bases en Ecuador (Manta), en 2009. “Desde entonces, muchas negociaciones para expandir la influencia militar estadounidense fracasaron”, decía Enciso citando a Bitar.
Dos elementos explican ese fracaso: uno es la pérdida de poder relativo de Estados Unidos como hegemón (aunque tuviera mecanismos para intervenir los países, como la Organización de los Estados Americanos, el Banco Interamericano para el Desarrollo y los acuerdos de libre comercio). Otro, igual de importante, fue la política doméstica de los países anfitriones.
Hubo negociaciones exitosas. Pero otras fracasaron. Colombia, por ejemplo, tuvo negociaciones en secreto, que dieron por resultado el establecimiento de siete bases militares legales estadounidenses en el país y acceso a un número no especificado de aeropuertos y puertos civiles. Sin embargo, el 10 de agosto de 2010, tres días después del término del gobierno de Álvaro Uribe, se declaró inconstitucional el tratado de las bases.
En todo caso, la falta de bases militares formales no significó que disminuyeran las operaciones estadounidenses en la región. De hecho, Estados Unidos instaló bases informales y secretas en casi todos los países de la costa del Pacífico de América Latina y mantiene una extensa red de cerca de 80 instalaciones militares y de seguridad en América Latina y el Caribe, supervisadas por el Comando Sur. Puntos clave incluyen la Base de Soto Cano en Honduras, el centro en Comalapa, El Salvador, y una fuerte presencia en Palanquero, Tolemaida, Larandia de Colombia. Todas están enfocadas en el control estratégico de recursos, encubierto de lucha contra el narcotráfico.
Las bases informales “fueron instaladas en negociaciones informales con acuerdos tácitos y apéndices oscuros en tratados”. La diferencia entre las bases y lo que Bitar llama “cuasibases” radica solamente en el acuerdo legal. “No se diferencian ni en tamaño ni en flexibilidad, sino en la falta de un convenio formal entre los dos países, lo que hace que las operaciones de Estados Unidos en estos países tengan mayor secrecía e informalidad. no tienen contratos o bien están basadas en negociaciones verbales autorizadas sólo por el gobierno”. Además, tienen la flexibilidad para aumentar o disminuir el tamaño de las operaciones.
Pero por lo visto no es suficiente. La Cumbre Escudo de las Américas convocada este sábado 7 de marzo por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reunió a mandatarios de una docena de países latinoamericanos alineados con la agenda de seguridad de Washington con un propósito central: crear una “coalición militar” hemisférica para “combatir el narcoterrorismo”.
¿Qué significa eso? ¿Y qué implicaciones puede tener en la militarización extraterritorial de Estados Unidos en el continente? Pronto lo sabremos.
