Sorprende, anche se non si sente per la prima volta, che la maggiore forza militare del mondo, con i suoi ferri che odorano di polvere da sparo in questo momento, tenga un piccolo stato insulare in così «alta stima»
Mario Ernesto Almeida Bacallao
Il 20 agosto scorso, il titolare della politica estera USA, Marco Rubio, ha apposto la sua firma su un’altra serie di misure coercitive unilaterali contro il popolo di Cuba. Per giustificarle, ha fatto riferimento alla brigata internazionalista nordamericana che, in mezzo a pressioni e persecuzioni, ha deciso di visitare l’Isola ancora una volta, ora per partecipare alla commemorazione del centenario di Fidel.
In quei giorni, in una conversazione rapida e informale nei corridoi del Palazzo delle Convenzioni dell’Avana, uno dei capi della delegazione aveva dichiarato a Granma che negli USA la gente non ha paura ‘di loro’ (cioè del governo cubano). Il Dipartimento di Stato ha già dedicato diverse menzioni all’attivista, nel suo rapporto del 20 luglio – sembra che il 20 sia il giorno di chiusura a Washington –, «Cuba: La capitale del comunismo nel XXI secolo».
Il nuovo pacchetto di misure contro la Maggiore delle Antille accusa il suo Governo di ingannare e corrompere cittadini statunitensi e lo qualifica come «potenza straniera ostile». Quando si punta il dito contro qualcuno, ci sono altre tre dita puntate contro il petto dell’accusatore, recita un vecchio proverbio.
Sorprende, anche se non si sente per la prima volta, che la maggiore forza militare del mondo, con i suoi ferri che odorano di polvere da sparo in questo momento, tenga un piccolo Stato insulare in così «alta stima». La paura sarà reale? In tal caso… Di cosa?
Nell’estate del 2005, Diego Armando Maradona intervistava il Comandante in Capo per una televisione argentina. La sua prima domanda: «Lei ha detto sull’America Latina che avremmo potuto essere tutto e non siamo stati nulla. A cosa si riferiva?».
– «Mi azzarderei a confermarlo – rispose Fidel –. Possiamo essere tutto e non siamo nulla. Ma… saremo molto. Aggiungerei: molti saremo molto. (…) A questa crisi sostenuta dell’emisfero non resta altra strada che cambiare. Non c’è altra strada che riunirsi, nonostante le nostre debolezze, nonostante i nostri difetti. Condividere è la vera strada, quella dell’unità. Questa unità dipende sempre meno dagli uomini e un po’ di più dalle crisi. L’America Latina non ha altra alternativa che unirsi».
Parlarono del Che, dei tentativi di assassinio del leader cubano, dell’Operazione Miracolo, della nascente Brigata Internazionalista Henry Reeve e della sua prima missione in Pakistan, del ruolo della donna… Tra tante cose, apparve un’altra domanda la cui risposta parla alla Cuba e al mondo di oggi:
– «Come immagina il futuro di Cuba quando Lei non sarà più sullo scenario (politico)?»
– «La immagino come una grande potenza morale. Con grande livello di dignità (…). Come un paese che dimostra cosa significa il capitale umano, i vantaggi dell’istruzione, cosa si può fare con l’uomo, cosa può fare un piccolo paese, persino bloccato. Ci siamo già allontanati da quei sentieri battuti del saccheggio. È una cosa così reale che non posso dirlo tranquillo. Nessuno può evitarlo. Siamo invulnerabili. E non esagero. Come? Non lo dirò. Loro lo sanno. Per quanto a volte sottovalutino quelli di qua».
A poco più di 20 anni di distanza, per qualche ragione, gli USA considerano queste idee come una minaccia per la propria esistenza.
«Potencia extranjera hostil»
Sorprende, aunque no se escuche por primera vez, que la mayor fuerza militar del mundo, con sus hierros oliendo a pólvora ahora mismo, tenga a un pequeño estado insular en tan «alta estima»
Autor: Mario Ernesto Almeida Bacallao
El pasado 20 de agosto, el titular de la política exterior de Estados Unidos, Marco Rubio, estampó su nombre en otra serie de medidas coercitivas unilaterales contra el pueblo de Cuba. Para justificarlas, aludió a la brigada internacionalista norteamericana que, en medio de presiones y persecución, decidió visitar la Isla una vez más, ahora para participar de la conmemoración por el centenario de Fidel.
Por esos días, en una conversación rápida e informal en los corredores del Palacio de Convenciones de La Habana, uno de los líderes de la delegación, había señalado a Granma que en EE. UU. la gente no «les» tiene miedo. El Departamento de Estado ya dedicó varias menciones al activista, en su informe del 20 de julio –parece que el 20 es día de cierre en Washington–, «Cuba: La capital del comunismo en el siglo XXI».
El nuevo paquetazo contra la Mayor de las Antillas culpa a su Gobierno de engañar y corromper a ciudadanos estadounidenses y lo califica de «potencia extranjera hostil». Cuando se apunta con el índice, hay otros tres dedos enfilados hacia el pecho del acusador, versa un viejo refrán.
Sorprende, aunque no se escuche por primera vez, que la mayor fuerza militar del mundo, con sus hierros oliendo a pólvora ahora mismo, tenga a un pequeño Estado Insular en tan «alta estima». ¿El miedo será real? En ese caso… ¿A qué?
En el verano de 2005, Diego Armando Maradona entrevistaba al Comandante en Jefe para una televisora argentina. Su primera pregunta: «Usted dijo sobre Latinoamérica que pudimos haber sido todo y no fuimos nada. ¿A qué se refería?».
–«Me atrevería a ratificarlo –respondió Fidel–. Podemos ser todo y no somos nada. Pero… seremos mucho. Añadiría: muchos seremos mucho. (…) A esta crisis sostenida del hemisferio no le queda más camino que cambiar. No hay más camino que reunirse, a pesar de nuestras debilidades, a pesar de nuestros defectos. Compartir es el camino de verdad, el de la unidad. Esa unidad depende cada vez menos de los hombres y un poco más depende de las crisis. América Latina no tiene otra alternativa que unirse».
Hablaron del Che, de los intentos de asesinato al líder cubano, de la Operación Milagro, de la naciente Brigada Internacionalista Henry Reeve y su primera misión en Pakistán, del papel de la mujer… Entre tantas cosas, apareció otra interrogante cuya respuesta le habla a la Cuba y al mundo de hoy:–«¿Cómo imagina el futuro de Cuba cuando usted ya no esté en el escenario?»
–«La imagino como una gran potencia moral. Con gran nivel de dignidad (…). Como un país que demuestra lo que significa el capital humano, las ventajas de la educación, lo que puede hacerse con el hombre, lo que puede hacer un pequeño país, aun bloqueado. Ya nos alejamos de aquellos caminos trillados del saqueo. Es una cosa tan real que yo no puedo decirlo tranquilo. No puede evitarlo nadie. Somos invulnerables. Y no exagero. ¿Cómo? No lo voy a decir. Ellos lo saben. Por mucho que a veces subestimen a los de acá».
A poco más de 20 años, por alguna razón, EE. UU. considera estas ideas como una amenaza para su existencia.
