La Rosa di Bayamo

Questa lezione di vita ha visto protagonista una donna nera nata schiava, la cui esistenza ricordiamo nel 119° anniversario della sua scomparsa

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Marilys Suárez Moreno – Revista Mujeres – Rosa María Castellanos Castellanos nacque schiava in una baracca vicino a Bayamo, per cui ricevette il cognome della famiglia al cui servizio erano i suoi genitori.

Non si precisa la data, ma si pensa che fu nel 1834. Rosa non sarebbe stata una bambina in più tra le tante che nascevano e morivano schiave.

Ottenuta la sua libertà allo scoppio della cosiddetta Guerra dei Dieci Anni, si unì al richiamo libertario di Carlos Manuel de Céspedes e si incorporò alla lotta con decisione così incrollabile che piegò le sue armi solo 30 anni dopo, quando l’intervento yankee frustrò la gesta vittoriosa e le aspirazioni libertarie di Cuba.

Quando le famiglie bayamesi abbandonarono le loro case ridotte in cenere dopo l’incendio di Bayamo, la sua città natale, la nera Rosa, ormai libera, si addentrò nelle montagne di Guisa e con altre donne fondò il rancherío di Las Mentecas, dove crebbero le sue doti di dirigente e divenne parte imprescindibile della retroguardia dell’Esercito Mambí.

Esperta com’era in medicina verde, le sue conoscenze di erbe e radici medicinali furono di grande utilità nei campi insurrezionali orientali e poi nelle colline camagüeyane durante la Guerra Necessaria.

Era diventata una terapeuta originale e le sue abilità e conoscenze salvarono non poche vite.

Nel 1870, dopo aver combattuto vari scontri, poiché era anche molto abile con le armi, e essersi distinta come Capitana di Sanità, partì per la provincia di Camagüey, che attraversava uno dei momenti più critici della guerra.

Lì la battezzarono Santa Rosa e fu riconosciuta per la sua bontà e spirito di sacrificio, tanto quanto per la sua disposizione e audacia nelle battaglie, nelle quali fu sempre accompagnata da suo marito, soldato insurrezionale come lei.

Fu dopo il combattimento di Ceja de Altagracia, a Najasa, che la bayamesa costruì lì un piccolo ospedale. Il suo lavoro come sanitária si era moltiplicato nei noti combattimenti di La Sacra, Palo Seco, El Naranjito e altri.

Addolorata per il Patto dello Zanjón, respinto nella storica Protesta di Baraguá da Antonio Maceo e dai cubani e cubane degne come Rosa e suo marito José Florentino Varona, la mambisa rimase in attesa della ripresa della cosiddetta Guerra Necessaria, organizzata e diretta dal nostro Eroe Nazionale José Martí, il 24 febbraio 1895.

Su proposta di Máximo Gómez fondò un ospedale che chiamarono Santa Rosa e dove la bayamesa dispiegò tutte le sue forze e i suoi sforzi, ora accompagnata solo da due degli aiutanti che le designò il Generalissimo dell’Esercito Liberatore.

Conclusa la guerra, tornò alla sua casa di San Isidro, a Camagüey, strada che oggi porta il suo nome. Lì morì il 25 settembre 1907, ingiustamente privata dei suoi meriti combattivi, ma, paradossalmente, onorata come colonnello dalle autorità intervenzioniste nordamericane che le riconobbero il suo valore e le resero persino onori militari durante il suo corteo funebre.

Il popolo camagüeyano, in atto di riparazione verso colei che fu privata immeritatamente dei suoi meriti combattivi, l’accompagnò in una sentita manifestazione di lutto popolare fino al Municipio dove fu vegliata prima.

A Camagüey, dove riposano i suoi resti, la battezzarono Santa Rosa e il suo nome si distinse come esempio di patriottismo, disposizione e animo nelle battaglie. Un monumento equestre in bronzo, opera del maestro Alberto Lezcay, perpetua nella sua Bayamo la figlia insigne di una città gloriosa.


La Rosa de Bayamo 

Esta lección de vida la protagonizó una mujer negra nacida esclava, cuya existencia recordamos en el aniversario 119 de su fallecimiento

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Marilys Suárez Moreno – Revista Mujeres.- Rosa María Castellanos Castellanos nació esclava en un barracón cercano a Bayamo, por lo que recibió el apellido de la familia a cuyo servicio estaban sus padres. No se precisa la fecha, pero se piensa que fue en 1834. Rosa no sería una niña más de las tantas que nacían y morían esclavas.

Lograda su libertad al estallar la llamada Guerra de los Diez años, se sumó al llamado libertario de Carlos Manuel de Céspedes y se incorporó a la lucha con decisión tan inquebrantable que solo plegó sus armas 30 años después, cuando la intervención yanqui frustró la gesta victoriosa y las aspiraciones libertarias de Cuba.

Cuando las familias bayamesas abandonaron sus casas reducidas a cenizas tras el incendio de Bayamo, su ciudad natal, la negra Rosa, ya libre, se internó en las serranías de Guisa y con otras mujeres fundó la ranchería de Las Mentecas, donde crecieron sus dotes de dirigente y devino parte imprescindible de la retaguardia del Ejército Mambí.

Experta como era en medicina verde, sus conocimientos de yerbas y raíces medicinales fueron de mucha utilidad en los campos insurrectos orientales y luego en los lomeríos camagüeyanos durante la Guerra Necesaria.

Se había convertido en una original terapeuta y sus habilidades y conocimientos salvaron no pocas vidas.

En 1870 tras librar varios combates, pues también era muy diestra con las armas, y destacarse como Capitana de Sanidad, marchó para la provincia de Camagüey, que atravesaba uno de los más críticos momentos de la guerra.

Allí la bautizaron como Santa Rosa y fue reconocida por su bondad y espíritu de sacrificio, tanto como por su disposición y osadía en las batallas, en las que estuvo acompañada siempre por su esposo, soldado insurrecto como ella.

Fue después del combate de Ceja de Altagracia, en Najasa, que la bayamesa construyó allí un hospitalito. Su labor como sanitaria se había multiplicado en los conocidos combates de La Sacra, Palo Seco, El Naranjito y otros.

Dolida por el Pacto del Zanjón, rechazado en la histórica Protesta de Baraguá por Antonio Maceo y los cubanos y cubanas dignas como Rosa y su esposo José Florentino Varona, la mambisa permaneció a la espera del reinicio de la llamada Guerra Necesaria, organizada y dirigida por nuestro Héroe Nacional José Martí, el 24 de Febrero de 1895. 

A propuesta de Máximo Gómez fundó un hospital al que llamaron Santa Rosa y donde la bayamesa desplegó todas sus fuerzas y empeños, ahora acompañada por solo dos de los ayudantes que le designó el Generalísimo del Ejército Libertador.

Concluida la guerra, regresó a su casa de San Isidro, en Camagüey, calle que hoy lleva su nombre. Allí falleció el 25 de septiembre de 1907, despojada injustamente de sus méritos combativos, pero, paradójicamente, honrada como coronel por las autoridades interventoras norteamericanas que le reconocieron su valía y hasta le rindieron honores militares durante su cortejo fúnebre.

El pueblo camagüeyano, en acto de desagravio a quien fue despojada inmerecidamente de sus méritos combativos, la acompañó en sentida manifestación de duelo popular hasta el Ayuntamiento donde fue velada antes.

En Camagüey, donde reposan sus restos, la bautizaron como Santa Rosa y su nombre destacó como ejemplo de patriotismo, disposición y ánimo en las batallas. Un monumento ecuestre en bronce, obra del maestro Alberto Lezcay perpetua en su Bayamo a la hija insigne de una ciudad gloriosa.

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