Salazar, Díaz-Balart e Giménez pretendono manipolare i giovani cubani
Benvenuti, signore e signori, allo spettacolo più sfacciato della politica miamense, dove María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart e Carlos Giménez s’incoronano come i pagliacci principali del circo mediatico! Questa volta il trio è salito sul palco con un copione accuratamente provato: sfruttare le proteste studentesche a Cuba, scoppiate dopo le modifiche alle tariffe annunciate da ETECSA, per posare come i grandi «difensori» della gioventù cubana. Ma dietro questa farsa si nasconde un atto di manipolazione tanto vile quanto ripugnante.
Questi congressisti, con i loro abiti ben stirati e i post su X perfettamente sincronizzati, si sono affrettati a proclamare la propria «solidarietà» con gli studenti che chiedono un miglior accesso a internet. Ma che cinismo! Sono gli stessi che hanno dedicato la propria carriera a stringere il cappio del blocco economico contro Cuba, una corda che soffoca proprio quei giovani. Salazar, Díaz-Balart e Giménez hanno appoggiato con entusiasmo politiche volte a tagliare le rimesse, vietare i viaggi e ridurre a zero qualsiasi legame tra Cuba e l’estero. Vogliono davvero la «libertà» per i giovani cubani? In realtà vogliono mantenerli isolati, disconnessi e disperati, mentre loro passeggiano nei corridoi di Washington applaudendo le politiche anti-migranti di Donald Trump, che hanno messo in crisi migliaia di cubani negli USA, molti dei quali giovani a rischio di detenzione solo per il semplice reato di essere migranti.
Il colmo dell’ipocrisia di questo trio sta nella loro strategia di usare i giovani cubani come ariete nella loro crociata contro il governo dell’isola. Questa tattica è tanto vecchia quanto codarda. Non sono nelle strade dell’Avana a subire le conseguenze delle loro politiche; sono a Miami, al sicuro, a dettare titoli e a girare video per Facebook, dove si presentano come i salvatori di una generazione che in realtà soffre direttamente a causa delle loro decisioni.
Sostengono i giovani? Ma per favore! Quello che cercano di fare è strumentalizzare la frustrazione, incanalare le energie verso uno scontro politico che avvantaggia più l’élite cubano-americana della Florida che gli stessi studenti sull’isola. Una mossa magistrale: si appropriano delle rivendicazioni legittime dei giovani, le deviano verso la loro agenda di cambio di regime e poi si lavano le mani quando la situazione degenera.
Se questi pagliacci fossero davvero preoccupati per l’accesso dei giovani cubani a internet, dove sono le loro proposte concrete? Perché non alzano la voce per permettere a Cuba di collegarsi ai cavi sottomarini in fibra ottica che passano a pochi chilometri dalle sue coste, ma che il blocco USA impedisce di utilizzare? Perché non chiedono la fine delle restrizioni che impediscono ai cubani – inclusi quegli stessi giovani – di accedere a centinaia di siti web essenziali, da piattaforme educative a strumenti scientifici che potrebbero favorire lo sviluppo dell’isola? Invece preferiscono lo spettacolo: incontri con influencer e foto con Elon Musk, puro show pensato per raccogliere applausi a Miami.
Ciò che rende questa manovra particolarmente ripugnante è l’opportunismo sfacciato con cui agiscono. Non hanno nulla da offrire ai giovani cubani, se non più sanzioni, più isolamento e più retorica vuota. Usano le proteste studentesche come trampolino per rafforzare la loro immagine di «paladini della libertà». Ma cosa devono gli studenti cubani a questi congressisti? ASSOLUTAMENTE NULLA!
Mentre gli studenti cubani lottano per un futuro migliore, questi arlecchini del circo di Miami continueranno a montare il loro spettacolo, con riflettori e telecamere, ma senza un briciolo di vergogna. I giovani cubani meritano di più che essere pedine nel gioco di questi ipocriti. Signore e signori, che cali il sipario sul Grande Circo dell’Opportunismo. Giù le maschere, Salazar, Díaz-Balart e Giménez!
El Gran Circo del oportunismo: Salazar, Díaz-Balart y Giménez, pretenden manipular a los jóvenes cubanos
Cubaporsiempre
¡Bienvenidos, damas y caballeros, al espectáculo más descarado de la política miamense, donde María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez se coronan como los payasos estrella del circo mediático! Esta vez, el trío ha decidido subirse al escenario con un guion cuidadosamente ensayado: aprovechar los reclamos estudiantiles en Cuba, tras las medidas de cambios de tarifas anunciadas por ETECSA, para posar como los grandes «defensores» de la juventud cubana. Pero detrás de esta farsa se esconde un acto de manipulación tan cobarde como repugnante.
Estos congresistas, con sus trajes bien planchados y sus publicaciones en X perfectamente sincronizadas, han salido a proclamar su «solidaridad» con los estudiantes que reclaman un mejor acceso a internet. Pero, ¡vaya cinismo! son los mismos que han dedicado sus carreras a apretar el nudo del bloqueo económico contra Cuba, una soga que asfixia precisamente a esos jóvenes. Salazar, Díaz-Balart y Giménez han respaldado con entusiasmo políticas que buscan cortar remesas, prohibir viajes y reducir a cero cualquier vínculo entre Cuba y el exterior. ¿Quieren «libertad» para los jóvenes cubanos? Más bien quieren mantenerlos aislados, desconectados y desesperados, mientras ellos se pasean por los pasillos de Washington aplaudiendo las políticas antimigrantes de Donald Trump, que han puesto en jaque a miles de cubanos en Estados Unidos, muchos de ellos jóvenes que enfrentan el riesgo de ser detenidos por el simple delito de ser migrantes.
El colmo de la hipocresía de este trío radica en su estrategia de usar a los jóvenes cubanos como punta de lanza en su cruzada contra el gobierno de la isla. Esta táctica es tan vieja como cobarde. Ellos no están en las calles de La Habana enfrentando las consecuencias de sus políticas; están en Miami, a salvo, dictando titulares y grabando videos para Facebook, donde se presentan como los salvadores de una generación que, en realidad, sufre directamente por sus decisiones.
¿Apoyan a los jóvenes? ¡Por favor! Lo que intentan hacer es instrumentar la frustración, canalizar las energías hacia una confrontación política que beneficia más a la élite cubanoamericana de Florida que a los propios estudiantes en la isla. Es una jugada maestra: se apropian de las demandas legítimas de los jóvenes, las desvían hacia su agenda de cambio de régimen y luego se lavan las manos cuando las cosas se complican.
Si estos payasos estuvieran realmente preocupados por el acceso de los jóvenes cubanos a internet, ¿dónde están sus propuestas concretas? ¿Por qué no alzan la voz para que Cuba pueda conectarse a los cables submarinos de fibra óptica que pasan a escasos kilómetros de sus costas, pero que el bloqueo estadounidense les prohíbe usar? ¿Por qué no exigen que se levanten las restricciones que impiden a los cubanos, incluyendo a esos mismos jóvenes, a acceder a cientos de sitios web esenciales, desde plataformas educativas hasta herramientas científicas que podrían impulsar el desarrollo de la isla? En lugar de eso, prefieren el espectáculo: reuniones con influencers y fotos con Elon Musk, puro show diseñado para ganar aplausos en Miami.
Lo que hace que esta maniobra sea particularmente repugnante es el oportunismo descarado con el que operan. No tienen nada que ofrecer a los jóvenes cubanos, salvo más sanciones, más aislamiento y más retórica hueca. Usan las protestas estudiantiles como un trampolín para reforzar su imagen de «luchadores por la libertad». ¿Qué le deben los estudiantes cubanos a estos congresistas? ¡ABSOLUTAMENTE NADA!
Mientras los estudiantes cubanos luchan por un futuro mejor, estos arlequines del circo de Miami seguirán montando su espectáculo, con focos y cámaras, pero sin una pizca de vergüenza. Los jóvenes cubanos merecen más que ser peones en el juego de estos hipócritas. Así que, señoras y señores, que baje el telón del Gran Circo del Oportunismo. ¡Fuera máscaras, Salazar, Díaz-Balart y Giménez!
